jueves

¿qué hay en mi corazón?

mucho sueño, un plástico, un papel de diario, un huevo duro, sed.

7 comentarios:

anti rayuela dijo...

Odié Rashuela. La maga, Rocamadour, no entendí un porongo. Más bien no había nada que entender.
Vale aclarar que la estructura de capítulos intercambiables fue innovadora en su momento. Shapó.

Anónimo dijo...

45 años despues el libro de Julio sigue vigente. Es una oda a la falta de autenticidad en la sociedad, hoy exponencial y brutalmente multiplicada en la Era de la Informacion y la instantaneously celebrity. La contra-novela por excelencia, el caminar al filo de la derrota y la victoria, el extasis y la depression, etc, etc, etc.

Che, por cierto, decir o hacer/gesticular “Shapó” es muy mersa.

Anónimo dijo...

qué debate genera un pato criollo! deus.

Anónimo dijo...

Le puse muchos huevos a Julio, pero me aburrió totalmente. Los cuentos ni fu ni fa (casa tomada, la autopista del sur vaya y pase). Terminar Rayuela me costó una barbaridá. El libro de Manuel lo largué a la página 90. Otro que es un bodrio es Saer, terrible imitador de Julio.

ine dijo...

anónimo único: sos medio surreal, entraste en erupción... tenés personalidades contradictorias....
besos!

alicia dijo...

querida ine, eso es trampa. no se hace eso a un anònimo.

ine dijo...

De Cesar Aira para Cortazar

El mejor cortázar es un mal borges

- —¿Y Cortázar?

- —Cortázar es un caso especial para los argentinos, y no sólo para los argentinos, también para los latinoamericanos y quizás para los españoles, porque es el escritor de la iniciación, el de los adolescentes que se inician en la literatura y encuentran en él —y yo también lo encontré en su momento— el placer de la invención. Pero con el tiempo se me fue cayendo. Hay algunos cuentos que están bien. El de los cuentos es el mejor Cortázar. O sea, un mal Borges, o mediano. A propósito de una de las cosas más feas que hizo Cortázar en su vida, el prólogo para la edición de la Biblioteca Ayacucho de los cuentos de Felisberto Hernández, un prólogo paternalista, condescendiente, en el que prácticamente viene a decir que el mayor mérito del escritor uruguayo fue anunciarlo a él, cuando en verdad Felisberto es un escritor genial al que Cortázar no podría aspirar siquiera a lustrarle los zapatos. Sus cuentos son buenas artesanías, algunas extraordinariamente logradas, como Casa tomada, pero son cuentos que persiguen siempre el efecto inmediato. Y luego, el resto de la carrera literaria de Cortázar es auténticamente deplorable.