jueves

se hizo justicia! TRES KARATEGUIS

CÓMO PASÉ DE TENER UN KARATEGUI A TENER TRES

Esta es una historia de secretos, mentiras, justicia y determinación.
Es la historia de cómo pasé de tener un traje de karate a tener dos.

Hace cuatro años, compré mi primer traje de karate en el dojo Samurai. Sensei Inoue me miró y me dijo tomá éste es de tu talle. Era un traje marca shiai.
En mi primer examen, tuve la esperanza de pasar de cinturón blanco a naranja, pero mi espíritu me triacionó, sólo obtuve amarillo, y en cambio mi compañera, que había empezado igual que yo, pasó a naranja. Mi espíritu volvió a traicionarme y metí mi karategui en el lavarropas junto con el cinturón amarillo. Resultado, traje amarillo patito. Luego la lavandina terminó con mi traje para siempre. Fue hilachas.

Para poder recibirme de Licenciada en Letras, tuve que suspender la práctica por un año.
Cuando retomé, pasé un tiempo sin karategui y Martín me compró en Ki Do, enfrente de bar grau, por 170 pesos un traje Gran Marc talle seis que tuve que acortar un poco el pantalón.
Fue el traje que me acompañó en el segundo examen en que pasé a cinturón naranja y tercer examen en que pasé a cinturón verde.
Para poder cumplir sin vergüenza con mi tercer examen y poder avanzar debí dedicar más tiempo a practicar, así fue que pasé de practicar tres veces por semana a practicar todos los días.
Esta intensa práctica hizo que mi traje se percudiera.

Con gran ansiedad, me dirijo a Ki Do pero ahora el traje cuesta 260 y no me alcanza.
Gran decepción.

Fui a Musashi, otra tienda de trajes pero no tenían mi talle en marca Shiai. Costaba 300. No era gran diferencia. Pero no puedo esperar.

Vuelvo al otro día a KIDo: dame el talle seis.
En casa, me pruebo el talle seis y descubro que es una carpa. No es posible que sea éste el mismo talle que mi anterior karategui.

Vuelvo a Kido y pruebo el 5, lo cambio.
Empiezo a sospechar que va a encogerse.
Descubro que tiene unos hilos colgando y empiezo a especular que no es un buen traje.
Lo lavo y al colgarlo me quedo con un pedazo de cuello en la mano.
Excusa perfecta para cambiarlo por seis.

En Ki do ven que ha sido lavado y no me lo quieren cambiar.
Organizo un gran escándalo de veinte minutos de discusión. Acceden devolverlo a la fábrica donde decidirán si lo reparan o lo cambian.
Según el dueño, no pueden cambiarlo no sería ético.
Le digo que por tantas molestias de traje roto y de que los talles no coinciden con los talles anteriores merezco un beneficio que es que me cambien el talle.
El dueño se niega rotundamente pero se compromete a cambiarlo en el caso de que le den uno nuevo a cambio del roto.
Insisto: aunque le den el mismo, le realizarán un planchado y no se notará que fue lavado tan sólo una vez.


A los dos días vuelvo a Kido pero todavía no está mi traje. Insisto con cambiarlo a seis.
A los tres días vuelvo a Kido pero todavía no está mi traje. Insisto con cambiarlo a talle seis.
A los cuatro días vuelvo pero todavía no está mi traje.Insisto.
¿Cómo es posible? Compré un traje hace una semana y todavía no lo pude estrenar. Tuve que venir cuatro veces porqeu no coincide el talle y recibo un traje roto!!

Al quinto día decido calmar mi ansiedad, me dirijo a Musashi y toco el timbre.
Nadie responde.
Pero como sé que el empleado está atrás de un biombo, decido esperar sin insistir con el timbre. Estoy segura de que él quiere vnecer mi voluntad y que yo vuelva a tocar el timbre pero no lo hago.
Monitoreo el tiempo. Espero en total tres minutios y luego veo venir al empleado. Hasta veo que tiene la ilusión de que yo haya desaparecido pensando que no hay nadie.
Estoy muy contenta porque gané la pulseada de la paciencia.

En Musachi no hay probador entonces debo probármelo arriba de la ropa.
Adquiero el traje talle 42 marca shiai por 300 pesos y lo estreno ese día.

Al séptimo día recibo un mensaje telefónico. Señora Olga, le comunico que su traje está listo.
Al octavo día busco en google: Defensa al Consumidor. Dispuesta a todo.
Al noveno día voy a Kido dispuesta a declarar que los denunciaré a defensa al consumidor si no me cambian mi traje por seis.

-Saludo amable.
-Señora, me gustaría recomendarle que cambie el traje cinco por talle seis, en la fábrica me dicen que va a tomar bastante.
-Le agradezco mucho la recomendación, voy a llevar el seis entonces.
Chau, muchas gracias.

Y así fue como llegué a tener tres trajes de karate.
¿Dónde están los secretos y mentiras de esta historia?

Hay una mentira y un secreto.
La mentira es que no sólo lavé el traje talle cinco sino que lo usé una vez y así fue que me lo cambiaron usado. Y esto no se lo dije al vendedor sino que lo negué rotundamente.
El secreto es cómo fue posible que yo llegara a comprar dos trajes y no sólo uno siendo que mi presupuesto original daba para uno solo. Pero esto no lo puedo contar.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

GANASTE !

inés dijo...

se hizo justicia

Belén dijo...

olga es tu nombre karategui?

Paula dijo...

jajajajja :)