jueves

acá, con tres plomeros,


dejar de lado ciertas preocupaciones y ponerme a trabajar.
bueno de seis a nueve vine más o menos bien, luego, ahora comenzando una nueva etapa del día, que se extenderá hasta el mediodía, junto a los plomeros que rompen los pisos y arreglan los caños

estoy corrigiendo una novela muy divertida.
lo más loco es que soñé que esa novela era un libro y yo lo abría y lo leía. y pensaba es muy bueno... muy bueno! y hundía la cara en las páginas y como que me ahogaba en el libro.

ayer di un reemplazo, una clase a unos chicos de texas. uno era jeremy, dos veces soldado. llegó tarde y comía empanada tras empanada sin importarle nada, y hablaba en inglés, y cuando terminó las empanadas, se levantó y se fue sin decir nada.

y después detesto cuando los coordinadores se toman confianza con los yanquis que son mas gordos y simpáticos y los viven sobando y tratándolos como si fueran buenas, muy buenas personas con las cuales uno debe ser muy muy cariñoso... una coordinadora abrazó -sí, abrazó reiteradamente- a una chica... para mí, es una confianza que no entiendo y estoy segura de que cuánto más gorda es la alumna más la abraza...

esto viene a que a la noche soñé con que estaba en el fin del mundo, y un grupo de yanquis y yo -una gorda, un negro, y un muchacho raro- nos negábamos a abandonar nuestra casa, al igual que el resto de los hombres que se iban, refugiandose no se en donde, pero luego nos venían a buscar y debíamos fingir que estábamos muertos. ibamos teniendo una larga convivencia los cuatro, ibamos conociéndonos: nos metíamos al mar e incluso nos burlábamos porque la gorda se duchaba con los rollers puestos. en una parte del sueño apareció mi sueño recurrente, que es que saltábamos una medianera y nos colábamos en una casa ajena, pero no me acuerdo exactamente dónde terminaba, sí que había mucha humedad y era un jardín con una higuera llena de gotas de lluvia.