viernes

ja ja ja

tengo unos alumnos a los que los ayudo a mejorar su escritura. son muy receptivos, y también combativos cuando creen que tienen razón. escribir es su trabajo. pertenecen al área de comunicación de una institución grande y seria. uno de ellos se dedica solamente a corregir. es de esas personas que se pueden quedar discutiendo quince minutos si la coma es correcta o no, ese tipo de ñoñadas muy divertidas.

como la clase no es solamente aprender a corregir sino mejorar la escritura, muchas veces suspendemos la realidad y agarramos los textos y los cambiamos de la manera en que nosotros los escribiríamos.

cuando miran un texto, lo primero que ven son los problemas de puntuación, pero los problemas de contenido no los inquietan mucho, por ejemplo no se sienten indignados por la falta de relevancia o la ausencia de un contexto o la falta de coherencia de las ideas entre sí.
 para mostrarles que existen personas que escriben peor que los profesionales con los que ellos trabajan, un día les llevé textos de diferentes estilos. había uno de un economista, que era ininteligible, o sea un texto del que no podíamos rescatar ninguna idea. otro de un filósofo, que estaba lleno de guiones abiertos que nunca se cerraban.  había otro texto que los hizo reír muchísimo:


En el comedor y la terraza contigua a las habitaciones que cobija banquetes, transcurre un desayuno. La carta de ese desayuno al sol admite sopa de arroz y se complementa con ensalada de pepinos, berenjenas salteadas y chauchas. El ritual del desayuno entre las amigas es la coartada para el confesionario sentimental que solo escucha la gata que se pasea por la casa.
Jorge prepara con dedicación las verduras que serán asadas y dispone una puesta visceral sobre la parrilla, invitando a un atracón de carne que se extiende durante horas.


Nos reímos muchísimo con este texto.