martes

las canteras

el sábado dimos un paseo por un camino entre las sierras. llevábamos botellas de jugo de pomelo y hacía calor.
tomamos por el costado de un country, en un camino ancho de tosca, subimos la loma, vimos la ciudad, vimos los restos de un incendio que desde la ciudad se vio mientras ibamos de compras.
en un momento dado vimos un caminito.
es ese camino, dijo mi hermana. este no porque nos lleva a la ruta.
el caminito era un sendero. o sea, un camino no para autos sino para personas. y el que veníamos era para autos. cortamos por acá, dijo mi hermana y pasamos los cuatro por los alambres de púa. tomamos el sendero y luego de caminar mil metros pasamos por un pueblo abandonado donde vivían los canteristas y había máquinas antiguas, y luego llegamos a una cantera abandonada.
unos paredones de piedra gigante. hasta un diamante podríamos encontrar dijo mi hermana.
los paredones eran tan tan altos como un rascacielos y adentro se había formado una laguna.
vimos arbustos de frambuesas, una lechuza cuidaba su nido, eucaliptus bebés brotaban al borde del lago, patos, flores silvestres de diferentes colores.
después fuimos a otra cantera.
después seguimos subiendo, y llegamos a una cima. y desde allí vimos la gigantesca cantera de arba. que fue la última que dejó de funcionar. esta todavía tenía un camino de autos y construcciones nuevas.
me dijo mi hermana que hacia abajo es un pozo gigantesco.

al otro día fuimos al centinela una piedra gigante que está al borde de un cerro.
y al lado, otra cantera, pero esta es artesanal, pudimos ver un pedazo de piedra marcado por cuñas.
desde allá, se puede ver la ciudad y las sierras qeu están alrededor, o sea del lado creo que norte.
hay dos sierras bajas y en cada una de ellas un reborde todo gris esas son dos canteras antiguas también artesanales. me dijo mi hermana que es un deporte trepar las canteras, trepar por esas paredes hasta llegar a la cima. estaría bueno.